El Himno Antioqueño

Para las personas que están ausentes de su querido terruño, quiero dejarles este pensamiento acerca de nuestro Himno Antioqueño. Fue Juan Yepes, cantor popular, quien por primera vez le puso música al “Canto del antioqueño” de Epifanio Mejía. Ñito Restrepo, quien lo oyó, dice maravillas de este cantor y de su canción.

Desgraciadamente no hubo quien llevara al pentagrama las marciales notas de la canción de Juan Yepes. Todavía, poco antes de morir, Pelón Santamarta nos recordaba esas notas marciales pero que había olvidado en parte. Después Roberto Mesa, en 1899, le puso también música. La de Mesa quizá parezca poco apropiada para himno, pues lo hizo en aire de danza. Sin embargo, se cantó mucho en algunas escuelas de Medellín. Bien debemos recordar como Mesa hubo de ir al permanente, dizque porque con aquel canto estaba incitando a la revuelta, pues lo hizo allá en los primeros días de octubre cuando ya tronaba la guerra de los “Mil días”, y Mesa era un liberal furibundo.

Algún tiempo más tarde el maestro Jesús Arriola hizo un bonito coro, a cuatro voces de difícil ejecución. La bella música de Arriola no prosperó.

La que hoy tiene, y que ya se puede considerar como oficial, aunque no haya ninguna disposición que así lo acredite, la música de Gonzalo Vidal, parece tuvo su origen por allá en 1913, cuando se trató de celebrar el primer centenario de la independencia de Antioquia, aunque sólo años después en 1962 vino a tener su aceptación al público.

Las estrofas y el coro, fueron sacados del “Canto del Antioqueño”, poesía que Epifanio Mejía compuso en 1868 y que copio a continuación:

EL CANTO DEL ANTIOQUEÑO

¡Oh libertad que perfumas
las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos
tus olorosas esencias!
I
Amo el Sol porque anda libre,
sobre la azulada esfera,
al huracán porque silba
con libertad en las selvas.
II
El hacha que mis mayores
me dejaron por herencia,
la quiero porque a sus golpes
libres acentos resuenan.
III
Forjen déspotas tiranos
largas y duras cadenas
para el esclavo que humilde
sus pies de rodillas besa.
IV
Yo que nací altivo y libre
sobre una sierra antioqueña
llevo el hierro entre las manos
porque en el cuello me pesa.
V
Nací sobre una montaña,
mi dulce madre me cuenta
que el sol alumbró mi cuna
sobre una pelada sierra.
VI
Nací libre como el viento
de las selvas antioqueñas
como el cóndor de los Andes
que de monte en monte vuela.
VII
Pichón de águila que nace
sobre el pico de una peña
siempre le gustan las cumbres
donde los vientos refrescan.
VIII
Cuando desciendo hasta el valle
y oigo tocar la corneta,
subo a las altas montañas
a dar el grito de alerta.

IX
Muchachos, le digo a todos
los vecinos de las selvas
la corneta está sonando…
¡tiranos hay en la sierra!

X
Mis compañeros, alegres,
el hacha en el monte dejan
para empuñar en sus manos
la lanza que el sol platea.

XI
Con el morral a la espalda
cruzamos llanos y cuestas,
y atravesamos montañas
y anchos ríos y altas sierras.

XII
Y cuando al fin divisamos,
allá en la llanura extensa,
las toldas del enemigo
que entre humo y gente blanquean,

XIII
Volamos como huracanes
regados sobre la tierra,
¡ay del que espere el empuje
de nuestras lanzas revueltas!

XIV
Perdonamos al rendido
porque también hay nobleza
en los bravos corazones
que nutren las viejas selvas.

XV
Cuando volvemos triunfantes
las niñas de las aldeas
rinden coronas de flores
a nuestras frentes serenas.

XVI
A la luz de alegre tarde
pálida, bronceada, fresca
de la montaña en la cima
nuestras cabañas blanquean.

XVII
Bajamos cantando al valle
porque el corazón se alegra;
porque siempre arranca gritos
la vista de nuestra tierra.

XVIII
Es la oración; las campanas
con golpe pausado suenan;
con el morral a la espalda
vamos subiendo la cuesta.

XIX
Las brisas de las colinas
bajan cargadas de esencia,
la luna brilla redonda
y el camino amarillea.

XX
Ladran alegres los perros
detrás de las arboledas;
el corazón oprimido
del gozo palpita y tiembla…

XXI
Caminamos… Caminamos…
y blanqueas… y blanquean…
y se abren con su ruido
de las cabañas las puertas.

XXII
Lágrimas, gritos, suspiros,
besos y sonrisas tiernas,
entre apretados abrazos
y entre emociones revientan.

XXIII
¡Oh libertad que perfumas
las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos
tus olorosas esencias!.

Fuente: “Antología de la Canción en Antioquia” por Heriberto Zapata Cuéncar.
Dibujo: Diseño por Pensamientos de Vida

  1. MUY LINDO NUESTRO HIMNO Y QUIERO AGREGAR QUE NELSON SIERRA ARISMENDI ES INTERPETRE DE LA VERSION OFICIAL DEL HIMNO NACIONAL Y ANTIOQUEÑO DESDE 1995.

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