El gato que cayó del cielo

Era una hermosa mañana de verano y como todos los días, el tío Roger se disponía a regar su jardín que se encuentra en el patio posterior de la casa, para que la uña de danta, la Galatea, los paphios, bifloras, violetas, sorcilicio, dracenas, geranios, philodendron y el esbelto san pedro y demás plantas, recibieran su dosis correspondiente de hidratación.

Cuando el tío Roger abrió su manguera y apuntó directamente a la heliconia que se encuentra en un rincón, brincó como de la nada un gran animal. Y se dijo: pero y esto qué es?, no es una mirla, no es una tórtola que podría ser eso que movió su cola encorvada de una manera tan rápida y extraña?

Cada vez que se disponía a hacer su tarea de riego, se encontraba con mirlas, canarios silvestres, pero nunca con un gato que se esfumara en medio de plantas, manguera y agua. Este estaba bastante asustado y aprovechó la oportunidad de colarse al interior de la casa, fue cuando puso su manguera y trató de mojarlo en medio de la exaltación que esto le causó. De dónde pudo salir este pobre animal, si los muros que rodean el patio son bien altos? Lo cierto del caso, es que el gato se puso muy nervioso y no quiso moverse del mismo rincón. Pasó todo el día sin dar señales de vida. El tío Roger le compró alimento especial y trató de darle cariño, pero en ningún momento salió de su guarida.

Pasaron dos días y dos noches, el tío Roger le abrió la puerta pero el gato no salía, yo me sentía bastante preocupada por el pobre gatito que llevaba tanto tiempo sin comer, cuando me le asomaba por la reja que está cerca de mi habitación, el gatito quería hablarme, daba vueltas y vueltas sobre su cuerpo como queriéndome contar su historia. Traté de que saliera del patio, pero cuando le abría la puerta volvía a su escondite, maullaba muchísimo de noche como con un lamento de dolor.

El tío Roger y yo empezamos a preguntar en la vecindad, para ver si el gato tenía dueño, pero los vecinos más cercanos no daban razón, hasta que una mañana en un supermercado cercano a la casa había un letrero donde averiguaban por el gatito y vimos que era el mismo.

Después de saber quién era su dueño, nos llenamos de una gran alegría, el gato se llama Sam y la dueña era una pequeña de ocho años y estaba muy triste porque su gatito se había perdido. La satisfacción tan grande que sentimos de poder devolver el gato a su dueña fue inmensa.

Lo importante de esta historia es que debemos entender las querencias de todos los seres humanos, tener comprensión con los seres vivos, tratarlos bien, porque como pudimos apreciarlo de cerca, son seres que se estresan igual que los humanos, de ahí el cuidado que debe asumir su dueño, para que su mascota viva en un ambiente sano, además es fundamental diferenciar la vida de un gato de piso de uno que tenga acceso al exterior. Por lo tanto, como no es un animal callejero, hay que brindarle toda la protección necesaria.

  1. Sí Gloría María:
    Fué un momento bien exclusivo,
    La Luna visitó el patio, y nos dió
    unos días de expectativas gatunas.
    Gracias, buenas notas,siempre.

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