Historia de las Guacamayas afortunadas

Sobre una palma seca de unos diez metros de alto, ubicada en la loma de Los Parra con la carrera 35,  en el Barrio El Poblado de Medellín, dos guacamayas permanecen casi todo el día, cuidando el crecimiento de sus dos polluelos que nacieron hace aproximadamente tres meses.

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Esta pareja, de la especie Ara Macao, una de las más sociables y, precisamente por eso, más afectada por el tráfico ilegal de fauna, está lejos de saber que cientos de habitantes de los edificios que las rodean están pendientes de ellas, que el Área Metropolitana no les quita los ojos de encima, hasta una prestigiosa constructora de la ciudad, aplazó el inicio de un proyecto para poder protegerlas, además profesionales especializados en este tema están contratados para atender y cuidar la vida de sus polluelos, que crecen en un nido adentro de la palma.

Aunque el inicio de la unidad residencial, en el terreno donde están las guacamayas, estaba previsto para el 1 de abril pasado, fue aplazado indefinidamente. “Por lo menos dos meses más, hasta que los polluelos aprendan a volar solos”, explica Diana Janneth David, zootecnista y estudiante de la Maestría en Ciencias Ambientales, de la Universidad de Antioquia, encargada de velar por la vida de esta familia de aves, conocidas también como guacamayas bandera.

Casi un milagro

No es fácil la reproducción de estas guacamayas, que se caracterizan por ser monógamas. En este caso se dieron varias coincidencias que permiten el milagro de la vida en plena zona residencial de El Poblado. Su éxito reproductivo depende de que haya una pareja, y de cada 100 parejas solo 10 ó 20 logran un apareamiento anual, y de ellas, entre 6 y 14 logran poner huevos gracias a que encuentran un árbol muerto para poder meterse y reproducirse. No es fácil encontrar árboles secos pues los tumban porque representan un peligro, y que además tengan un diámetro adecuado para tener unos pichones que van a crecer y a aletear.

Mientras los polluelos crecen dentro de la palma, los vecinos y responsables del proyecto esperan con ansia el momento de verlos volar junto a sus padres, y, por supuesto, poder retomar la construcción de la obra.

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Esta es la historia de las Guacamayas afortunadas donde un grupo de personas las divisan desde los balcones de sus viviendas, esperando que los polluelos alcen vuelo para comenzar una nueva historia de “vida”.

 

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Bibliografía: Datos obtenidos del Periódico: vivir en El Poblado.

♥♥♥

  1. Tuve la fortuna de conocer una en la casa de mi abuela, era bien grande y de plumas de colores, nos alegraba los dias desde su columpio que daba al patio trasero de la casa, vivió allí bastante tiempo y saben qué? desayunaba con chocalate y arepa tambien comía frutas. Yo era muy niña y me encantaba su bullicio . Cualquier dia la encontramos muerta en el piso y ese patio quedó desierto por muchos dias, nos hacía falta verle alegre y contenta de estar alli.

  2. Pingback: Un final feliz | Pensamientos de vida

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