Entrega a la delicia

Entra el tenedor, la capa superior de pasta hojaldrada se levanta en los extremos, se resiste por una milésima de segundo y luego cede ante la presión, dejando en el aire una nubecita diminuta de azúcar pulverizada.

 

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Un crujido se ahoga entre la crema inglesa de la capa que sigue.  A este punto, ya la boca se saborea, se hace agua y sólo se controla por la certeza de saber, que pase lo que pase, nada impedirá ese primer bocado.

 

El tenedor sigue su corte implacable,  hasta el fondo, atravesando nuevas capas, que se repiten en la medida justa, en proporciones perfectas, una a una aumentando la ansiedad y sabiendo que con la meticulosa observación de este proceso, todo pasa, de estar frenta a una milhoja, a vivir una experiencia sublime de placer.

 

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Al final, el glorioso bocado se exhibe frente a los ojos, que será  lo último que verán por unos segundos, gracias a ese mecanismo que se activa y que los cierra automáticamente, cuando el bocado pasa el umbral de los labios dando paso a la certeza, a la entrega, a la delicia.

 

♥♥♥

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