“¡Oh, licor, que das la vida!”

El vino, tomado con moderación, hace mucho por los seres humanos nos da salud y mucha felicidad. Ha servido de inspiración a muchos autores:

Beethoven lo reconoció así: “El vino es la musa que inspira nuevos procesos generativos en uno”.

 

En el vino y en la comida está el amor!

 

Cuando se aprende a tomar y a disfrutar una copa de vino no es necesario llegar a la ebriedad. Dicen los que saben y conocen del tema, que el efecto que produce es de pura y sana euforia, de alegría, de creatividad y romanticismo. En cambio otras bebidas producen efectos adversos, como la depresión.

 

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A veces cuando estoy con familia o con amigos, me divierto muchísimo viendo como los que beben cinco o más tragos de cualquier otro licor se embriagan, no se debe al contenido de alcohol de un determinado brebaje, se debe a que todavía no se ha aprendido a disfrutar.

 

De ahí que el vino es para acercarse a la vida, no para huir de ella.  El vino se mira, se mueve, se degusta, se respira….  Dos, tres, máximo cuatro copas de un excelente vino alcanzan para toda una noche llena de diversión, alegría y esparcimiento, sin convertirme en otra persona, ni desdoblarme haciendo el ridículo o esperando que me boten de la fiesta o reunión por convertirme en un ser intolerante, fastidioso que no quieran ver en ningún evento social.

 

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Salud y buen provecho!

 

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